Declaración de Fe
LO QUE CREEMOS
Nuestras creencias no están guiadas por ningún escrito inspirado humanamente sin la inspiración de Dios ni por ningún grupo humano creado tal vez con buenas intenciones o con un buen propósito, sino que nuestras creencias están guiadas exclusivamente por la Palabra de Dios, que consta únicamente de 66 libros, ni más ni menos, escritos inspirados por Dios Padre a través de su Espíritu Santo y dados como revelación a sus profetas. La Palabra de Dios, la Biblia, es el único libro que guía nuestra vida espiritual para ser salvos del castigo eterno por medio de la vida, muerte y resurrección de nuestro Señor Jesucristo, quien es el Ungido, el Hijo del Dios vivo.
LO QUE CREEMOS ACERCA DE DIOS, EL SEÑOR JESUCRISTO Y EL ESPÍRITU SANTO
CREEMOS EN UN ÚNICO DIOS VERDADERO: EL PADRE.
Creemos que “solo hay un Dios, el Padre, del cual proceden todas las cosas, y nosotros somos para él; y un Señor, Jesucristo, por medio del cual son todas las cosas, y nosotros por medio de él.” (1 Corintios 10:6), estas mismas palabras fueron dichas por nuestro Señor Jesucristo cuando él estaba orando a su Dios y Padre cuando él dijo “Estas cosas habló Jesús, y levantando los ojos al cielo, dijo: Padre, la hora ha llegado; glorifica a tu Hijo, para que también tu Hijo te glorifique a ti; como le has dado potestad sobre toda carne, para que dé vida eterna a todos los que le diste. Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado.” (Juan 17:1-3), ya que el mismo Señor Jesucristo nos reveló que el único Dios verdadero es su Dios y Padre.
Y ¿por qué creemos que el Padre es el Dios de nuestro Señor Jesucristo?
Porque escrito está:
El Señor Jesucristo mismo llamo “Dios mío” y “mi Dios” a su propio Padre:
“Cerca de la hora novena, Jesús clamó a gran voz, diciendo: Elí, Elí, ¿lama sabactani? Esto es: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?” (Mateo 27:46)
“Y a la hora novena Jesús clamó a gran voz, diciendo: Eloi, Eloi, ¿lama sabactani? que traducido es: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?” (Marcos 15:34)
“Jesús le dijo: No me toques, porque aún no he subido a mi Padre; mas ve a mis hermanos, y diles: Subo a mi Padre y a vuestro Padre, a mi Dios y a vuestro Dios.” (Juan 20:17)
“Al que venciere, yo lo haré columna en el templo de mi Dios, y nunca más saldrá de allí; y escribiré sobre él el nombre de mi Dios, y el nombre de la ciudad de mi Dios, la nueva Jerusalén, la cual desciende del cielo, de mi Dios, y mi nombre nuevo.” (Apocalipsis 3:12)
Como podemos ver en estos pasajes, el mismo Señor Jesucristo declaró abiertamente que su Padre es también su Dios, es decir, el Señor Jesucristo está subordinado a su Dios y Padre; y esto lo podemos leer cuando el mismo Señor Jesucristo dijo “Habéis oído que yo os he dicho: Voy, y vengo a vosotros. Si me amarais, os habríais regocijado, porque he dicho que voy al Padre; porque el Padre mayor es que yo.” (Juan 14:28) y también cuando dijo “Mi Padre que me las dio, es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre.” (Juan 10:29)
Cada una de las cartas de los apóstoles es introducida con el saludo de parte de “Dios el Padre y del Señor Jesucristo”, en este punto, no entraremos en detalles en esta sección ya que esto será explicado más a detalle en una próxima sección de estudios bíblicos.
CREEMOS QUE JESÚS ES EL UNGIDO, EL HIJO DEL DIOS VIVIENTE.
Si creemos que solamente el Padre es el único Dios verdadero de acuerdo a las mismas palabras de nuestro Señor Jesucristo, entonces quizás su pregunta sea:
¿Quién o qué es entonces el Señor Jesucristo? La respuesta es que Jesús es el Cristo —y siempre lo será— el unigénito Hijo del Dios viviente, como Pedro dijo por revelación de parte de Dios mismo (Mateo 16:15-18).
Ninguno de los ángeles salió de Dios como hijos literales de Dios. Ellos fueron creados por la Palabra de Dios. Cuando Dios habló por medio de su Hijo Jesucristo, ellos vinieron a existir. Esto contrasta con el Señor Jesucristo, quien existía antes de que todas las cosas y seres fueran creados. Él literalmente salió de Dios, así como un hijo literalmente procede de su padre. De la misma manera, el Señor Jesucristo salió de Dios el Padre. Fue por medio de su Hijo y a través de su Hijo que Dios creó todas las cosas y seres.
La respuesta es simple si estudiamos las Escrituras profundamente. Como podemos ver claramente, Dios mismo declaró que Jesucristo es su “Hijo amado.”
Veamos:
“Y hubo una voz de los cielos, que decía: Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia.” (Mateo 3:17)
“Mientras él aún hablaba, una nube de luz los cubrió; y he aquí una voz desde la nube, que decía: Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia; a él oíd.” (Mateo 17:5)
“Y hubo una voz de los cielos que decía: Tú eres mi Hijo amado; en ti tengo complacencia.” (Marcos 1:11)
“Entonces vino una nube que les hizo sombra, y desde la nube una voz que decía: Este es mi Hijo amado; a él oíd.” (Marcos 9:7)
“Y descendió el Espíritu Santo sobre él en forma corporal, como paloma, y vino una voz del cielo que decía: Tú eres mi Hijo amado; en ti tengo complacencia.” (Lucas 3:22)
“Y vino una voz desde la nube, que decía: Este es mi Hijo amado; a él oíd.” (Lucas 9:35)
De la misma manera, el mismo Señor Jesucristo declaró ser el Hijo de Dios.
Veamos:
“Oyó Jesús que le habían expulsado; y hallándole, le dijo: ¿Crees tú en el Hijo de Dios? Respondió él y dijo: ¿Quién es, Señor, para que crea en él? Le dijo Jesús: Pues le has visto, y el que habla contigo, él es.” (Juan 9:35-37)
“¿Al que el Padre santificó y envió al mundo vosotros decís: Tú blasfemas; porque dije: Soy Hijo de Dios?” (Juan 10:36)
“Oyéndolo Jesús, dijo: Esta enfermedad no es para muerte, sino para la gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella.” (Juan 11:4)
“Y escribe al ángel de la iglesia en Tiatira: El Hijo de Dios, el que tiene ojos como llama de fuego, y pies semejantes al bronce bruñido, dice esto…” (Apocalipsis 2:18)
Aquellos que lo escucharon también testificaron que Jesús es el Hijo de Dios, y no Dios mismo; este tema será explicado con más detalle en una sección futura de nuestros estudios bíblicos.
CREEMOS QUE EL ESPÍRITU SANTO ES EL MISMO ESPÍRITU DE DIOS EL PADRE Y DE SU HIJO JESUCRISTO.
Según las Escrituras, el Espíritu Santo, también llamado el “Espíritu de Dios,” “Espíritu del Señor” y por muchos otros nombres, no es una tercera persona conocida como “la tercera Persona de la Trinidad,” como cree la mayor parte del mundo y aun la mayoría de aquellos que se autodenominan “cristianos.” El mismo Señor Jesucristo nos enseñó que el Espíritu Santo es, de hecho, el Espíritu de su Padre. Esto es evidente al comparar Mateo 10:20 y Marcos 13:11, donde se indica claramente que el Espíritu Santo es el Espíritu de Dios el Padre. Dios el Padre ungió a Jesús de Nazaret con su propio Espíritu Santo (Hechos 10:38) en el día del bautismo de Jesús (Mateo 3:13-17, Marcos 1:9-11, Lucas 3:21-22, Juan 1:29-34). El Señor Jesucristo, el Hijo de Dios, también dio el Espíritu de su Padre a sus discípulos la noche que se les apareció (Juan 20:22). Juntos, Dios y su Hijo Jesucristo se comunican con nosotros a través de su Espíritu Santo (Juan 14:15-31). Esto comenzó en el día de Pentecostés (Hechos 2:1-47), cuando el Espíritu Santo del Padre fue derramado sobre todos los que creyeron en el Señor Jesús, tanto judíos como gentiles.
De esta manera, entendemos que el Espíritu Santo no es “la tercera Persona,” sino más bien la misma presencia de Dios y de su Hijo Jesucristo manifestándose a nosotros de una manera invisible y omnipresente, como se refleja en el Salmo 139:1-24 y muchos otros pasajes que analizaremos en detalle en próximos estudios bíblicos.
LO QUE CREEMOS ACERCA DE OTROS TEMAS
NOTA IMPORTANTE:
Cada tema tratado en esta ‘Declaración de Fe’ será analizado y estudiado en detalle en futuras publicaciones, ya sea en forma de entradas de blog, estudios bíblicos, recursos descargables o documentales en video. Esta sección proporciona solo un breve resumen de lo que creemos con respecto a los temas mencionados aquí.
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LO QUE CREEMOS SOBRE LA SALVACIÓN
La salvación es por gracia mediante la fe en el Señor Jesucristo, el Hijo de Dios y no por obras para que nadie se gloríe.
LO QUE CREEMOS SOBRE LAS ESCRITURAS
Las Escrituras, también conocidas como «La Biblia», son la Palabra viva de Dios compuesta únicamente por 66 libros escritos por hombres santos de Dios e inspirados por el Espíritu Santo de Dios.
LO QUE CREEMOS SOBRE LA VIDA DESPUÉS DE LA MUERTE
Creemos que hay dos fases de dos destinos eternos para cada ser humano: antes de la resurrección, los condenados son llevados al Hades o Sheol para esperar su juicio final, y los muertos en Cristo van al lugar de descanso bajo el Gran Altar de Dios en el Cielo. Después de la resurrección y el Reino Milenial de Cristo, los condenados resucitados serán arrojados para siempre al Lago de Fuego para ser castigados conscientemente junto con Satanás, sus ángeles caídos, la Bestia y el Falso Profeta por los siglos de los siglos. Mientras tanto, los santos resucitados vivirán en la Nueva Tierra y los Nuevos Cielos por los siglos de los siglos.
LO QUE CREEMOS SOBRE LOS TIEMPOS FINALES
Entre todos los eventos de los últimos tiempos que analizaremos en detalle en próximas publicaciones, creemos que el evento más importante de los últimos tiempos es la segunda venida física y visible de nuestro Señor Jesucristo en el poder y la gloria de Dios su Padre con todos sus santos ángeles para establecer su Reino Milenial.
LO QUE CREEMOS SOBRE LA IGLESIA
Creemos que la Iglesia es la asamblea o congregación de los santos de Dios, compuesta por aquellos que creen en el Señor Jesucristo como Señor y Salvador. Como Iglesia, estaremos unidos como una Esposa con el Señor Jesucristo, nuestro futuro Esposo, en las bodas del Cordero. Además, como una nación espiritual corporativa «femenina», conocida como «Israel», estaremos unidos al Señor Jesucristo para siempre, tanto los judíos en la carne como los gentiles en la carne.
LO QUE CREEMOS SOBRE EL PECADO
Creemos que el pecado es la transgresión de la Ley de Dios (1 Juan 3:4) y que los seres humanos no nacen en pecado, como enseña la doctrina del «pecado original». Sin embargo, reconocemos que las consecuencias del pecado de Adán afectan a toda la humanidad y a toda la creación en general. Creemos que «el alma que pecare, esa morirá» (Ezequiel 18:20) y entendemos que el capítulo 18 del profeta Ezequiel refuta la doctrina del «pecado original» en cuanto a la transferencia de culpa. Por lo tanto, afirmamos que todos los niños que mueren físicamente no enfrentarán condenación eterna, ya que no son conscientes de sus acciones, y confiamos en la misericordia de Dios hacia ellos. Nuestro Señor Jesucristo declaró que «de los tales es el reino de los cielos» (Mateo 19:14).
Aunque la Biblia no especifica claramente una edad en la que los humanos se vuelven completamente responsables de sus pecados, deducimos que los niños comienzan a asumir la responsabilidad de sus propias acciones a la edad de doce años. Esta deducción se basa en ejemplos bíblicos, como el pasaje en el que Jesús fue encontrado en el templo a esa edad (Lucas 2:42).
También creemos que todo ser humano, después de los 12 años, ha pecado, y por esta razón, todos merecemos la muerte eterna. Sin embargo, creemos que ha habido solo Uno que nunca pecó, aunque fue tentado en todo. Este Uno permaneció inocente, puro e intachable desde el día de su nacimiento hasta el día de su muerte, y este fue el Señor Jesucristo, el Hijo de Dios. Siendo inocente de todo pecado y culpa ante Dios, pagó por nuestros pecados, tomando sobre Sí el castigo de la muerte y soportando todo el peso de la ira de Dios en la cruz del Calvario. Derramó Su preciosa sangre, por medio de la cual podemos ser justificados gratuitamente por la fe en Él y limpiados de todo pecado y culpa ante Dios, para que podamos ser salvos del castigo eterno y, mediante Su resurrección, podamos recibir el don de la resurrección y la vida eterna. Este don está disponible si creemos en Jesús como nuestro único Señor y Salvador. A Él sea la gloria por los siglos de los siglos. Amén.
LO QUE CREEMOS SOBRE EL BAUTISMO
Creemos que el bautismo es un mandamiento dado por el propio Señor Jesucristo (Mateo 28:19, Marcos 16:16). No es una práctica opcional sino un mandamiento. No es simplemente una declaración pública de fe, como muchos enseñan, sino un acto de obediencia al Señor Jesucristo ante Dios, para la limpieza y el perdón de nuestros pecados. El bautismo es un paso que sigue al creer por fe y es un símbolo de nuestra muerte y resurrección con nuestro Señor Jesucristo. Por esta razón, el bautismo debe ser por inmersión completa, simbolizando la muerte.
El Señor Jesucristo ordenó bautizar «en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo», y los apóstoles obedecieron esto tal como lo ordenó el Señor Jesucristo. Este nombre es «Jesucristo», razón por la cual todos los discípulos bautizaban «en el nombre del Señor Jesucristo», porque este Nombre es el Nombre sobre todo nombre. Los discípulos no contradijeron al Señor Jesucristo, sino que cumplieron Sus palabras y las siguieron al pie de la letra.
LO QUE CREEMOS SOBRE LA LEY
Creemos que la Ley de Dios es buena, agradable y perfecta, y que fue dada como un sistema para que el mundo viva en perfección y paz ante Él. Por esta razón, la Ley de Dios contiene muchas ordenanzas para que el pueblo de Dios obedezca al pie de la letra. Sin embargo, entendemos que la humanidad, en general, ha sido incapaz de guardar plenamente la Ley de Dios, excepto el Señor Jesucristo. Por lo tanto, no podemos confiar en la Ley para ser salvos de la condenación eterna, porque Cristo vino precisamente para este propósito. La Ley sirvió como nuestro ayo para llevarnos a Cristo, quien cumplió la Ley y ha imputado Su justicia a nosotros que hemos creído en Él para la salvación de nuestras almas.
Como dice la Escritura, por la Ley nadie será justificado ante Dios, sino solo por la fe en Jesucristo. En el momento de la fe, Dios vivifica nuestra fe, haciéndola una fe viva. Es esta fe viva, empoderada por el Espíritu Santo, la que nos capacita para caminar en la Ley de Dios, no por nuestra propia fuerza, sino por la gracia y misericordia de Dios.
Reconocemos que, aunque hay un poco más de 600 mandamientos en la Ley de Dios, la Ley se resume en estos dos mandamientos:
«Jesús le dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es el primero y grande mandamiento. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos depende toda la ley y los profetas.» (Mateo 22:37-40, RV1960)
LO QUE CREEMOS SOBRE LA CENA DEL SEÑOR
Creemos que la Cena del Señor es un mandamiento dado por el propio Señor Jesucristo, para ser celebrada en memoria de su muerte, tal como tuvo lugar durante la Pascua pero sin ningún sacrificio adicional, porque el Señor Jesucristo es nuestro sacrificio supremo. Los elementos del pan y del vino nuevo no son literalmente la carne y la sangre del Señor Jesús, sino símbolos de su cuerpo y sangre, que tomamos por fe, no comiendo literalmente su cuerpo ni bebiendo literalmente su sangre, sino reconociéndolos como símbolos. Debemos guardar esta conmemoración hasta su segunda venida, como Él nos ordenó hacerlo.
CUALQUIER TEMA ADICIONAL RELACIONADO CON NUESTRA DECLARACIÓN DE FE QUE NO SE ENCUENTRE AQUÍ, SE AGREGARÁ PRONTO.
